¿La ciencia habla para sus adentros?

Nada mejor que ponernos en la piel (si podemos) de cualquiera de nuestros familiares o amigos sin vinculación laboral con la ciencia para ver que realmente las publicaciones científicas en la actualidad dan un poco de medio. O lo que es peor, un desinterés total. En palabras del Dr. Danny Kingsley “Los artículos
científicos no se ven a menudo junto a las mesas o como lectura de cuarto de baño. No porque no sean importantes – que lo son – sino porque la mayoría resulta, francamente, indescifrables”. En su artículo sobre El Estado de la Ciencia: ¿Deberían los científicos comunicarse con el público en general? hace un breve e interesante repaso sobre algunas de las claves que están detrás de este problema.

Al igual que en Australia (anterior artículo), la investigación en España está casi exclusivamente financiada por los contribuyentes y aun así muchos investigadores ni se han planteado o no consideran que sea necesario comunicarse con la gente, que son precisamente los que pagan para que seamos
capaces de continuar con la investigación. Si a esto sumamos que la evolución de la ciencia en las últimas décadas nos ha llevado a la especialización, y por
consiguiente a un uso cada vez más frecuente de jerga científica, la distancia sociedad-ciencia se antoja insalvable.

Un científico (fuera de encuadre) en su afán por conectar con el público.

Fórmula: Investigar-Divulgar-Investigar

Y si se tiene alguna duda de la necesidad de cumplir con  esta fórmula, eche un vistazo a las cifras que se destinan a la investigación  y, como ya se ha visto, a su procedencia. Ahora mismo la necesidad urgente de divulgar la ciencia al público general es un hecho que ofrece un doble punto de  vista. Por una parte refleja el recorte tremendo de la inversión en investigación y por otro la necesidad (o interés apremiante) de buscar alternativas de financiación para paliar esta crisis del sector. Y da igual que sea aquí o en Australia. Los beneficios que reporta esta “fórmula” al avance de la ciencia (y me refiero a contar con recursos para dilatar nuestra investigación en el tiempo), es algo que comienza a calar entre los científicos: urge esforzarnos y facilitar a la sociedad los resultados de nuestro trabajo con un lenguaje llano.

Un buen ejemplo a seguir es el de Jennifer D. Calkins y Jennifer M. Gee, dos biólogas que desde hace pocos meses han visto como su proyecto sobre la Perdiz elegante (Callipepla douglasii Vigors) ha contado con un apoyo increíble por parte de la sociedad, lo que significa una buena inyección de dinero para sacar adelante su estudio. ¿Qué cómo lo consiguieron? Su esfuerzo por dar a conocer su actividad, con un lenguaje tan cercano y amable, generó suficiente ruido como para llamar la atención del New York Times. Este impulso, por su puesto, colmó el vaso. Y como no podía ser de otra manera, un buen salto para llegar a la sociedad de forma directa debía darse desde el mejor trampolín, una plataforma de crowdfunding.

La ciencia comienza a circular por esta nueva carretera de la financiación directa desde la sociedad, una vía ancha, con cabida para todos. Si las autopistas de siempre se atascan (las vías tradicionales de financiación) no queda otra que cambiar. Esta “caravana” se venía anunciando desde hace bastante tiempo, primero con tímidos carteles al borde de las cunetas y actualmente con grande mensajes de neón: “CARRETERA CORTADA”. Ante estas advertencias, parece
razonable desviarse por una secundaria antes de topar con el muro final, aunque suponga recorrer una mayor distancia.

Pequeños inconvenientes actuales en la ruta tradicional de financiación.

A pesar de los esfuerzos del gobierno por priorizar la ciencia, en 2010 se produjo un “frenazo” que detuvo el incremento ininterrumpido de la inversión que se venía destinando a la investigación y desarrollo desde hacía más de 13 años. Según Público.es, la media de inversión sobre el PIB en los países de la OCDE está en el 2,3%, y economías menos potentes como la israelí (4,2%), la finlandesa (3,9%) o la portuguesa (1,6%) superan a España en sus inversiones públicas en ciencia.

La fruta directa del árbol

En etapas de crisis también se generan buenas ideas. Pondré un ejemplo cercano, la propuesta de The #SciFund Challenge. Es un esfuerzo para reunir a científicos interesados ​​en intentar un gran experimento conjunto, 49 proyectos de ciencia buscando paralelamente financiación en una plataforma de crowdfunding, RocketHub. Tras los primeros 9 días ya han recaudado cerca de 40.000$, más de 640 mecenas (personas como tú y yo), mucha colaboración entre los participantes y un buen puñado de artículos publicados en diversos medios. Y por encima de todo, un entrenamiento estupendo para todos los participantes sobre cómo acercar la ciencia a la sociedad.

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