La odisea tras la captura, el gigantesco iceberg que aflora en el laboratorio.

Para muchos de vosotros que quizás no estáis familiarizados con esto de hacer un seguimiento sistemático de poblaciones de insectos, o dicho más llanamente cazar bichos de forma periódica, es lógico que no imaginéis la de trabajo que se le viene encima a un entomólogo tras las campañas de captura en el campo. Por que si algo lleva tiempo, paciencia y más de tres o cuatro dosis de café diarias es ese espacio infinito de tiempo que viene tras el divertido trabajo de campo, las horas de laboratorio u “horas nalgas” para muchos, por el tiempo que pasas sentado al microscopio y al ordenador. Horas y horas y horas.

El momento de ilusión al aire libre, de las observaciones directas y de recoger las muestras de las trampas colocadas quince días o un mes antes, que no llevan más que algunos movimientos básicos tipo “pim pam pum”, dan paso al tedioso y delicado rastreo, localización y separación de las muestras de artrópodos minúsculos sumergidos en alcohol de entre los materiales de desecho que el bosque ha depositado en las trampas durante ese tiempo. Hojas, flores minúsculas, semillas multicolores, fragmentos de telas de araña, residuos de corteza, arenilla negra de la que se te pega a la ropa en el monte, tierra y mil otras basurillas y tropezones a la que amable y coloquialmente nos referimos como “La sopa”. Para que os hagáis una idea de lo que hablo os dejo una instantánea tomada ayer mismo desde mi estereomicroscopio, un ejemplo no demasiado dramático: ¿Os véis con ánimos para localizar los únicos tres especímenes de insectos que se encuentran en esta muestra?

Todos estos materiales de origen diverso se entremezclan con los artrópodos que intentas recuperar, un trabajito entretenido por el que debes pasar obligatoriamente antes de publicar cualquier resultado. Y como de momento no se ha inventado ningún robot  que separe cuidadosamente la materia animal de la vegetal y demás residuos (si alguien se entera de lo contrario, avisadme urgentemente por favor), pues todo este inmenso trabajo se sigue haciendo manualmente. En el ejemplo de la foto anterior, y si tienes práctica, puede tomarte cierto tiempo identificar de entre la basurilla una avispa parasítica (orden Hymenoptera) que solo mide uno o dos milímetros, un especímen de colémbolo (Collembola) y un especímen de escarabajo (Coleoptera) en su estadío larvario. Y aún me puedo encontrar con alguien que mirando la foto diga ¡He, que aquí hay alguno más…

Pero para despejar la duda, aca os dejo la solución al rompecabezas que constituye el día a día del entomólogo que trabaje con trampas de captura, como en este caso las trampas Malaise que utilizo en el área de estudio en Collserola:

Y a continuación os dejo una aproximación, con más detalles, a los elementos del rompecabezas:

Normalmente este trabajo de separación de especímenes del resto de “la sopa” suele tender al infinito, una labor de muchas horas o días, en dependencia del volumen de material acumulado en la trampa durante los días en que ha estado activa y de residuos caídos en ella. Antes de comenzar el trabajo de laboratorio, suele tomarse poco a poco material de la trampa para ponerlo bajo la lupa binocular, fragmentar la muestra en pequeños lotes. A medida que se avanza en el trabajo ayuda ir separando y eliminando poco a poco los restos de material vegetal y demás desechos, para facilitar la localización de los especímenes.

Las investigadoras e investigadores noveles que comienzan por primera vez en un estudio así no saben en el barco al que se han subido ni el mar en el que van a navegar hasta que no les golpean de lleno las olas. Una vez que la odisea ha comenzado no puedes abandonar el barco y dejar sola a la más que probable escasa tripulación que se embarco junto a ti. Tras los aciagos y felices momentos de muestreos en el campo llegas un buen día al laboratorio y Plash! Eres Ulises con tres o cuatro compañeros y rezando porque Palas Atenea te de fuerzas, y financiación, para soportar la travesía y realizarla lo antes posible. Están en juego muchas cosas, entre ellas contar nuevamente con la confianza de los organismos que manejan los fondos del próximo año.

Al margen del tedioso trabajo de rescatar los especímenes de la sopa, otro de los trabajos es identificar los ordenes de insectos que se encuentren en la muestra e irlos agrupando de forma independiente. Esto puede realizarse conforme vamos separando las muestras del resto de desechos pero es mucho más cómodo y efectivo realizarlo al final, una vez se tengan todos los especímenes “limpios” y separados de la sopa general. Así, al final del proceso lo que en un principio era una sopa oscura de artrópodos mezclados con desechos del bosque suele terminar en multitud de frascos con decenas, cientos o miles de especímenes separados por ordenes e incluso por familias. Entonces comienza otra parte del proceso, otra etapa de la odisea. El iceberg no ha hecho más que enseñar su extremo.

Toca localizar a los especialistas de cada grupo de artrópodos, explicarles sobre el estudio para el cual se ha capturado el material, la metodología de captura que se ha utilizado y la cantidad de material que se ha reunido del grupo del cual él es especialista etc. Todo para enamorle sobre nuestro estudio y despertar su interés en participar y, finalmente, acepte que le enviemos el material para que lo revise e identifique las especies presentes en la muestra. Un proceso largo. En dependencia del volumen de especímenes enviados, y de lo ocupado con otros proyectos que esté el investigador, el proceso de identificación puede tardar desde varios días a meses e incluso más de un año. Un tiempo que puede verse acortado en dependencia de si el estudio cuenta con fondos para pagar a los especialistas por las horas que implica la identificación hasta nivel de especie de todo el material enviado. Si pueden priorizar antes que otro material la revisión del material proveniente de nuestro estudio, antes tendremos los resultados.

Felizmente, y tras lo que con toda probabilidad será un largo periplo, las muestras tomadas meses o años atrás en el área de estudio llegan finalmente etiquetadas e identificadas al laboratorio donde se separaron por primera vez de una sopa oscura. Entonces toca interpretar los datos recogidos en el área, contrastarlos tras la identificación de las especies que allí habitan y publicar los resultados en revistas de investigación y de difusión general. Pero esta es otra parte de la odisea y merece narrarse en otra ocasión.

Esta entrada participa en la XI edición del Carnaval de Biología, organizado por el blog Ciencia y alguna otra cosa: http://diplotaxis.blogspot.com/

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6 comentarios sobre “La odisea tras la captura, el gigantesco iceberg que aflora en el laboratorio.

  1. Jé, menuda odisea, eso me suena… por cierto, no paro de verte en los medios (que si el diario, que si la tele,…) te vas a hacer más famoso que “la moños”. Animarte en tu búsqueda. Nos vemos.

    1. Gracias Guzmán. Es que una vez que te hacen una comienzan a llamarte para otras entrevistas. Solo espero que el mensaje sobre lo que hago en Collserola llegue al público. Ya sabes, cuando quieras venir estás invitado. Un saludo.

  2. Tu artículo ya está en la lista de participantes en el XI Carnaval de Biología.

    Me parece muy interesante lo que haces. Yo también he estado trabajando en Ecología Forestal, aunque a un nivel más humilde, y centrándome en lo que les pasa a los árboles, y no en la fauna. Ahora mismo tengo en marcha la redacción de un artículo, a ver si logro que me lo publiquen. La verdad es que tu trabajo me resulta muy interesante, si tienes tiempo me gustaría contactar contigo y aprender más de ello.

    Un saludo y enhorabuena por el blog.

    1. Gracias. Me alegra participar y poner un granito de arena en el biocarnaval. Cuando quiereas podemos intercanviar experiencias sobre este tema, el trabajo que yo hago también es muy humilde así que estoy seguro que lo que haces es muy interesante y podremos enriquecernos ambas partes. Un saludo!
      Mi correo es mederos@gmail.com

  3. Gracias Jorge, te tomo la palabra. Normalmente paso por Collserola todos los fines de semana así que me encantaría alguno que te vaya bien pasar (y de paso echarte una mano). Nos vemos.

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