Sombras y prioridades detrás de un traslado.

El pasado martes 4 de diciembre el diario El Periódico publicaba un artículo de lo más sorprendente para aquellas personas ajenas al día a día de los investigadores y demás personal que, desde hace algunos meses, intentan digerir la noticia del traslado de su actual e histórica sede del Museu de Ciències Naturals de Barcelona. Construído entre 1887-1888 como Cafè-Restaurant para la Exposición Universal de 1888, el Castell dels Tres Dragons pasó a alojar en 1920 al Museo de Zoología de Barcelona (actualmente el Laboratori de Natura), uno de los cuatro pilares del Museu de Ciències Naturals de Barcelona, junto al Museu Blau, el  Jardí Botànic de Barcelona y el Museu Martorell. En 2010 se trasladaron la mayor parte de sus colecciones expuestas al público hacia el Museu Blau (edificio que anteriormente acogiera en 2004 el Fórum de las Culturas), que se inauguró en marzo de 2011, convirtiéndose así el Castell dels Tres Dragons en la sede científica del museo, acogiendo el Laboratori de Natura con laboratorios y espacios de investigación, estudio y conservación de las colecciones.

Castell dels Tres Dragons, Museu de Ciències Naturals de Barcelona

La polémica que ha despertado este artículo publicado en El Periódico, firmado por el periodista Michelle Catanzaro, recide en el contenido de una carta enviada al concejal de cultura, Jaume Ciurana, por parte de la Associació d’Amics del Museu de Ciències Naturals de Barcelona (AAMCNB) y en la cual, entre otras muchas cosas, se expresaba la preocupación de socios y profesionales implicados en la protección del valioso patrimonio científico y de interés cultural general que atesora el museo ante el inminente traslado de la sede a un lugar aún desconocido, pasando además por el alto riesgo que comporta el embalaje apresurado de especímenes biológicos, muchos con un siglo de antiguedad, y su posterior transporte. Para aquellos que no recuerden los enormes agujeros que pueden presentar las “garantías” de la contratación de unos servicios “especializados” en este tipo de trabajos delicados de transporte de obras de valor, recordad la huella aún fresca del catastrófico traslado del esqueleto de ballena que hace poco más de un año se ubicada en el propio museo de ciencias. Las imágenes del cómo se realizaba ese delicado trabajo dejaron mucho que desear sobre la profecionalidad del traslado y sobre el rigor que en su momento debió exigírsele la empresa que se contrató. No es de extrañar que las redes se hicieran eco de este accidente y circularan imágenes de la ballena de Twitter “over capacity” partida por su mitad.

Over CapacityEntre las muchas dudas que nos ronda a los investigadores, conservadores y resto de personal que trabajamos en el museo respecto al traslado del ingente número de especímenes de vertebrados e invertebrados con los que cuenta la colección, con sus muchas modalidades de conservación, es si lograrán sobrevivir a la premura de este traslado a un sitio misterioso, a falta información sobre a dónde irá a parar todo este patrimonio. Con la experiencia de una mudanza aún reciente sonando en nuestra memoria (Museu Blau), se puede avanzar con mucha seguridad de que parte de la valiosa colección (pequeña con suerte) pasará a mejor vida, perdida o destruída tras la inevitable manipulación y movimiento que genera el trasiego de mano en mano y del museo actual a ese limbo prometido. El resto de la colección, la parte superviviente, nos hipotecará todo un año como poco realizando trabajos para restaurar los daños sufridos por los especímenes.

Gulliver y la gravedadY esto ya pasa durante un traslado corriente y planificado con tiempo. Imaginad, por citar solo un ejemplo, cientos de cajas entomológicas a trasladar y que albergan a su vez decenas o centenares de insectos cada una, especímenes importantes desde un punto de vista científico e histórico, frágiles como pocas cosas existen, insectos que reposan en sus agujas y etiquetas desde hace 70 o más años, algunos un siglo. Ahora pensad en una cadena de trabajo que empaqueta, apila y transporta estas cajas hasta un camión. Ahora imaginad esos camiones en marcha, sorteando el tráfico y los pequeños baches, asumiendo los arranques y frenadas cotidianas por la calles de la ciudad. Ahora imaginad repetir el proceso a la inversa: descargar, apilar, desembalar, ubicar… No sería descartable encontrar varias cajas cuyo contenido se redujera a un montón de agujas en medio de un polvo marrón.

Insectos listos para su traslado
Insectos listos para su traslado

Al margen del artículo publicado en el Periódico, en la edición digital se incuían algunas notas que pienso vale la pena adjuntar en este post, tanto por su contenido como por la personas que intervienen en ellas. Por ello transcribo textualmente:

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EJE CIENTÍFICO DESARTICULADO: SEÑA DE IDENTIDAD
«Si se desarticulara el patrimonio científico del parque de la Ciutadella, Barcelona perdería una de sus señas de identidad: el castillo de los Tres Dragons, el Museu Martorell, el Hivernacle, el Umbracle y el actual zoo formaban parte de la Exposición Universal de 1888 y de la cultura científica de la ciudad desde finales del siglo XIX», afirma Agustí Nieto, director del Centre D’Història de la Ciència de la Universitat Autònoma de Barcelona (Cehic-UAB). Con la expulsión de la colección de la Ciutadella, el ayuntamiento abre otro conflicto sobre al patrimonio científico, tras el fallido intento de derribo de Vila Urània, casa-laboratorio del astrónomo Comas i Solà.

TRASLADO POLÉMICO
«Una de las razones que se han aducido para sacar de la Ciutadella este equipamiento es que [el castillo de los Tres Dragons es] un edificio poco práctico, con patologías y no pensado para albergar un museo: tres características que comparte con el Museu Blau», polemiza la carta de la AAMCNB. «El Jardin de Plantes de París y los museos de ciencias naturales de Londres o Nueva York se han reformado sin sacarlos de su sede histórica y de su posición central: ¿por qué Barcelona no sabe valorar su patrimonio?», se queja el arqueólogo y vocal de la AAMCNB Jordi Serrallonga.

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Como bien explica el artículo,  “El castillo de los Tres Dragones almacena aproximadamente el 80% del patrimonio de las colecciones de ciencias naturales de Catalunya: 1,2 millones de unidades de registro, correspondientes a unos dos millones de ejemplares.” El texto continúa con un apunte muy adecuado por parte de Jordi Serrallonga, profesor de Prehistoria de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y vocal de la AAMCNB «No es un almacén… (refiriendose al edificio): los conservadores llevan a cabo proyectos de investigación…». Y termina con una cuestión no menos acertada «…¿dónde irá la colección? ¿por qué no se ha consultado a los conservadores?… Si ocurriera con otra colección, pongamos la del Museu Picasso, ¿se aceptaría una actuación de este tipo?»

Con tantos ejemplos, muchísimos, por citar de unos años a esta parte, está claro que la investigación y la ciencia en su sentido más amplio no es una prioridad para los gobiernos de este Estado.

Refencias: BCN destierra de la Ciutadella la colección del Museu de Ciències. El Periódico. La gran ballena del Museu de Ciències Naturals de Barcelona se rompe cuando iba a ser restaurada. El Periódico. Imágenes: http://cultura.elpais.com/cultura/2010/06/16/actualidad/1276639205_850215.html; http://www.comunicacionpatrimonio.net/2010/06/; http://www.botillo.com/index.php?blog=1&m=201006; http://www.agenciadenoticias.unal.edu.co/ndetalle/article/insectos-para-el-avance-de-la-ciencia.html

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